El Coliseo es el símbolo de Roma, un símbolo que con casi 2.000 años os hará retroceder en el tiempo y pensar cómo era la antigua sociedad del Imperio Romano.
La construcción del Coliseo comenzó en el año 72 bajo el régimen de Vespasiano y terminó en el año 80 en el mandato del emperador Tito. Al finalizar la construcción se convirtió en el mayor anfiteatro romano con unas dimensiones de 188 metros de largo, 156 metros de ancho y 57 metros de alto.
Durante el Imperio Romano y bajo el lema de "Pan et Circus", el Coliseo Romano (entonces llamado Anfiteatro Flavio) permitía a más de 50.000 personas disfrutar con sus espectáculos preferidos. Las muestras de animales exóticos, las ejecuciones de prisioneros, las recreaciones de batallas y las peleas de gladiadores acompañaron durante años al pueblo romano.
El Coliseo estuvo en activo durante más de 500 años. Los últimos juegos de la historia fueron celebrados en el siglo VI.
A partir del siglo VI el Coliseo ha sufrido saqueos, terremotos e incluso bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Con un gran instinto de supervivencia el Coliseo fue utilizado durante décadas como almacén, iglesia, cementerio e incluso castillo de la nobleza.
Actualmente el Coliseo es, junto al Vaticano, el mayor atractivo turístico de Roma. Cada año lo visitan 6 millones de turistas.
El 7 de julio de 2007 el Coliseo se convirtió en una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno.
Si no queréis hacer una cola que os haga perder varias horas, es recomendable llegar a primera hora. Si hay mucha cola en el Coliseo podéis sacar la entrada en el Palatino, ya que suele haber menos gente y la entrada es combinada.
Abierto desde las 8:30 hasta una hora antes de ponerse el sol.
Cerrado 25 de diciembre y 1 de enero.
Entrada combinada para el Coliseo y el Palatino: Adultos: 9€.
Ciudadanos de la Unión Europea entre 18 y 24 años, 4,5€. Menores de 18 y mayores de 65 años, gratis.
Metro: Colosseo, línea B (azul).



